Por Diego Picón
Ahora sí, voy en modo señor enojado: solemos pensar, equivocadamente, que las motivaciones de quienes están al frente de la administración de los recursos públicos, obedece a las demandas sociales. Más nos vale empezar a entender que ellos sólo obedecen a sus plataformas políticas, sus ideologías rancias o sus caprichos personales.
Y es que el ayuntamiento de Dolores Hidalgo se negó a publicar el nuevo, y necesario, reglamento municipal para la protección a los animales, que ponía al día las demandas legítimas de asociaciones civiles y animalistas independientes en cuanto al maltrato y abandono de perros y gatos.
Para nadie es desconocido que el gobierno destina recursos para la captura y sacrificio de
mascotas en el centro antirrábico, (que también llaman por otros nombres, pero es puro eufemismo), pero destina muy poco a campañas de promoción de la tenencia responsable, la adopción y la esterilización.
La aplicación de esta política pública no viene de la nada, obedece a las motivaciones de quienes, en este momento, toman las decisiones que nos afectan a todos. La visión del presidente y su ayuntamiento queda patente en redes sociales, donde dijo que el nuevo reglamento habría de proteger las corridas de toros y las peleas de gallos. “Soy el primero en querer la protección animal en el municipio, específicamente de los
perritos y los gatitos, pero también están las corridas de toros, también están las peleas de
gallos, y muchas otras áreas que tenemos que buscar la manera de cómo proteger”.
¿A quién hay que proteger? ¿a los toros o a los toreros? ¿o a los que gastan su dinerito en las corridas de toros? Más allá de que a estos últimos habría que hacerles exámenes de salud mental por exponerse por su voluntad a espectáculos de violencia explícita.
Y aquí llego al punto de las motivaciones. Durante la administración de Miguel Márquez Márquez, el gobierno del estado declaró las corridas de toros como patrimonio, para proteger la práctica barbárica ante la avanzada nacional para su prohibición. El gobierno del estado haciendo muestra de su vocación antiderechos.
Más tarde, durante la administración de Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, el gobierno estatal gastó 13 millones 330 mil pesos en la remodelación de la plaza de toros de la comunidad La Venta. Sí, esa donde esta Omún, el viñedo consentido del ex gobernador.
La prioridad, entonces, para esta administración no es la de proteger a “perritos y gatitos”, como dice Alejandri, sino la de velar por los intereses de los grupos de poder que destinan
los recursos de todos en sus espectáculos elitistas de derramamiento de sangre.
Agrega Alejandri que el reglamento no será publicado porque “no pasó por las áreas adecuadas para que tenga validez”. Y aquí alguien de su administración debería recordarle que fue en febrero de 2023, cuando la Comisión de Reglamentación y Medio Ambiente del Ayuntamiento, trabajó con organizaciones civiles la actualización de este reglamento.
Y ahora tres años después, cuando ya debería estar publicado por mandato del congreso del estado, dice el alcalde que se va a bajar a comisión. Queda entonces claro que no leen
lo que se propone, que no leen lo que aprueban.
¿Por qué es importante que este reglamento se publique? Son varias las razones de peso.
En primer lugar, fue elaborado con participación ciudadana activa de organizaciones civiles
que tienen años trabajando para el cuidado y la protección de las mascotas.
En segundo lugar, porque incorpora una visión amplia para la protección de los animales de compañía, pero también de los que pueden ser objeto de maltrato en espectáculos o en actividades laborales.
Y en tercer lugar, y esto es de vanguardia, porque incorpora la idea del perro comunitario, que es “el perro en situación de calle, que se encuentra en la vía y o áreas públicas y que una o varias personas se encargan de darle seguimiento (…) con la responsabilidad de que el perro esté esterilizado, vacunado, desparasitado y de proveerle de agua, alimento y estar al tanto de su salud”.
Es decir, el perrito de la colonia que nadie puede tener en la casa pero que varias vecinas y vecinos le dan de comer, lo dejan dormir en sus cocheras cuando hace frío, y muchas veces, aunque no es su función, avisa de extraños y previene robos. Esa figura está integrada en la propuesta de reglamento.
Estemos atentos a cómo se trabaja la nueva propuesta de reglamento, para exigir que se mantengan los avances para la construcción de una sociedad más dispuesta a cohabitar el espacio con perros y gatos, sean mascotas o no, y menos inclinada al uso de la violencia contra los animales, sean mascotas o no

